El sueño es la fábrica de nuestro día. Durante las horas en las que estamos durmiendo el cerebro y el resto del cuerpo se encargan de regenerarse. De hecho, nos pasamos de media un tercio de nuestra vida durmiendo. Al llegar a los 75 hemos estado 25 años durmiendo, pero no crean que se trata de una pérdida de tiempo. Muy al contrario, esos 25 años de reparaciones son los que nos permiten rendir los otros 50.
En los niños, el sueño es especialmente importante. Su cuerpo y su cerebro se están desarrollando a gran velocidad, su vitalidad es arrolladora, y, por supuesto, necesitan dormir más horas que un adulto para poner de nuevo la máquina a punto y contribuir a la maduración del cerebro.
Un niño que duerme mal se vuelve irascible, pierde capacidad de concentración y atención y su memoria se ve mermada. Su sistema inmunológico se debilita y es muy probable que sufra pérdida de apetito.
La mayoría de los problemas de sueño en los no están provocados por alteraciones físicas o psicológicas, sino porque no se ha adquirido un buen hábito. Lograr, pues, un buen hábito es fundamental para la salud física y mental del niño y, por supuesto, la de los padres. Aquí van algunos consejos para conseguir unos buenos hábitos del sueño:
Estas son las pautas generales que tenemos que seguir para conseguir que nuestros hijos adquieran desde pequeños el hábito de irse a dormir y aprendan a hacerlo finalmente sólos, pero a veces esto no es tan fácil porque no hemos educado a nuestros hijos desde pequeños en estos hábitos. En estos casos sería conveniente aplicar una serie de pautas difíciles para los padres pero con resultados muy positivos que explicaremos en el siguiente artículo.
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jueves, 14 de marzo de 2013
EL SUEÑO EN LA INFANCIA
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